La razón y la pasión

Y la sacerdotisa volvió a hablar y dijo:
“Háblanos de la Razón y la Pasión.
Y él contestó diciendo:
Vuestra alma es con frecuencia un campo de batalla en el que vuestra razón y vuestro juicio hacen la guerra contra vuestra pasión y vuestro apetito.
Ojalá pudiera ser yo el pacificador de vuestra alma y
pudiera transformar la discordia y la rivalidad de vuestros elementos
en unidad y melodía.
Pero, ¿cómo podría, salvo si vosotros mismos sois también los pacificadores, si, los amantes de todos vuestros elementos?
Vuestra razón y vuestra pasión son el timón y las
velas de vuestra alma navegante.
Si vuestras velas o vuestro timón se rompieran, no
podéis dar bandazos a la deriva, o bien quedar al pairo en medio del mar. Pues la razón, gobernando sola, es una fuerza limitadora.
Y la pasión, sin vigilancia, es una llama que arde hasta su propia destrucción.
Por consiguiente, que vuestra alma exalte vuestra razón hasta la altura de la pasión para que pueda cantar.
Y que la razón dirija vuestra pasión, para que vuestra pasión viva su resurrección cotidiana y como el fénix resurja de sus cenizas.
Quisiera que tratarais a vuestro juicio y vuestro apetito tal como trataríais a dos amados invitados en vuestra casa.
Sin duda no honraríais a un huésped más que al otro,
pues quien es más atento con uno de ellos pierde el
amor y la fe de ambos.
En las colinas, cuando os sentéis a la sombra refrescante del álamo a contemplar la paz y la serenidad de los campos y prados distantes, dejad que vuestro corazón diga en silencio: «Dios descansa en la razón.»
Y cuando llegue la tormenta y el vendaval azote el bosque y el rayo y el trueno proclamen la majestad del cielo, dejad que vuestro corazón diga asombrado: «Dios se mueve en la pasión.»
Y puesto que sois un aliento en la esfera de Dios y una hoja en el bosque de Dios, también vosotros debéis descansar descansar en la razón y agitaros con pasión.

El Profeta « – Jalill Gibran

La renuncia

Un joven se puso a conversar con su padre sobre temas espirituales y sobre como libertar la mente de todos sus engaños. Desde niño había querido darle un significado a su vida y siempre había tratado de conocerse interiormente y mejorar. El padre escuchó con atención y cariño sus inquietudes y después dijo:

-Renuncia.

Tras este encuentro con su padre, el hijo decidió abandonar el hogar paterno y retirarse al bosque a meditar.

Pasaron varios años. Un día el padre del meditador llegó hasta este y tras abrazarle, le dijo:

-Renuncia.

El meditador pensó: “¿Pero a que más puedo renunciar? He renunciado a la vida familiar, a las comodidades mundanas, a la vida social. ¿A que más puedo renunciar?”

-Oh, padre! dicho, la verdad es que no encuentro la paz interior. He renunciado a todo y sigo sin hallar la calma mental y el sosiego del espíritu.

Pero el padre replicó:

-No, no has renunciado a todo. Cuando te dije que renunciaras, no me refería a cosas materiales, que es lo que has renunciado. ¿Que más da que vayas vestido o desnudo, que comas o dejes de comer, que duermas en una cama o sobre piedras) No me refería a ese tipo de renuncia. Debemos aprender a poseer cosas materiales sin dejar que ellas nos posean. Cuando te hablé de renuncia, me refería a la renuncia de tu ego, tu odio, tu apego, tus opiniones y puntos de vista, tu orgullo y tu falso amor propio. Esa es la verdadera renuncia, porque al renunciar al ego encontramos la conciencia pura y el sosiego imperturbable. Recoge tus pocas cosas y vuelve a casa.

Cuentos de los grandes maestros espirituales.  Ramiro A. Calle

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La búsqueda y el re-encuentro

Estaba buscando, como siempre esperando encontrar.

Cierto día en un apartado rincón de internet dio con el nombre de 4 grandes maestros en India.

No se lo pensó dos veces, partió primero a Madrid, a la embajada. Necesitaba un visado que le permitiera estar en India sin límite de tiempo. .

Pensaba que el encontrar a los 4 maestros y estar con ellos el tiempo que tocase estar, no sería una cuestión de pocos meses, seguramente le llevaría algo más.

Realizó los trámites y finalmente llegó el día de la partida.
Llegó a India, la siempre venerada India, tierra de sueños, lugar de reencuentros.

Empezó su periplo y encontró al primero de los 4 maestros… y después partió y el maestro le siguió.
Encontró al segundo maestro… y partió y el segundo maestro también le siguió.
Continuó el viaje y localizó al tercero de los maestros… y más tarde partió. También el tercero le siguió.
Finalmente llegó al lugar donde estaba el cuarto de los maestros… también llegó el momento de la partida y también en esta ocasión el cuarto maestro le siguió.

Caminaron días y días los 5 juntos. Aprendiendo unos de otros, hasta que llegaron a un lugar tocado por la mano de Dios (como todos) un bello paraje en una montañosa selva junto al mar.

Se fueron a dormir y al levantarse a la mañana siguiente para hacer su práctica, comprobó que los cuatro maestros ya lo habían hecho.

Estaban los cuatro sentados formado un semicírculo, los cuatro orientados hacia la selva, mirando hacia su interior.

Al mirar en la misma dirección pudo comprobar que a los lejos se distinguía una cabaña de paja y cañas, recubierta de barro y hojas.

Sin darse cuentas sus pies empezaron a caminar en esa dirección.

En un punto intermedio se detuvo y se volvió a mirar a los maestros y después hizo lo mismo con la cabaña. ¿Que estaba sucediendo, que le quería decir la vida?…

Miró de nuevo hacia la cabaña y en ese momento surgió la idea como un relámpago. Sin lugar a dudas allí vivía un gran maestro espiritual, al que los otros conocían.

Se dirigió hacia la cabaña, no se veía nada, no se oía nada, espero en la puerta pacientemente, el tiempo pasó y nada sucedió. Finalmente miró en el interior pero no encontró a nadie. Sin dudas pensó, habrá salido y es seguro que volverá en un momento u otro.

Decidió esperar lo que fuera necesario, algo le decía en su interior, que allí encontraría al maestro que su corazón tanto buscaba. Tenía incluso una imagen mental muy clara de cómo sería.

Pasaron los días, las semanas , los meses e incluso algún año. En silencio, en una vida recogida y austera, en comunión con el entorno y consigo mismo.

Limpió la cabaña y la mantuvo siempre lista para recibir al maestro que nunca llegaba.

Mucho tiempo después aparecieron de nuevo los 4 maestros y se detuvieron frente a él, en silencio.

En sus ojos brillaba una luz especial.

El momento era mágico, se acercaron, le cogieron de las manos y le acompañaron hacia la cercana playa. La marea había bajado dejando atrás algunos charcos. Charcos que reflejaban las imágenes como espejos.

Lo llevaron frente a uno y lo colocaron de tal manera que se pudiera reflejar en el su imagen.

El miró y por fin vio la imagen de la persona que durante toda su vida había estado buscando.

La imagen del gurú, del maestro. Por fin en aquella apartada playa, lo había encontrado.

Sus ojos y su corazón contemplaban la verdad.

Se había reencontrado.

Bachan Singh.

Sat Nam (La Verdad es Su Nombre)

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Lord Hanuman

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El discípulo perfecto:

Hanumán representa el devoto perfecto, que entrega todo al Señor: cuerpo, palabra y mente. Fuente de inspiración para todo bhakti, ejemplo
de humildad y lealtad a su Maestro, él poseía todas las cualidades del discípulo.

“Eres tan poderoso como el viento
Eres inteligente, ilustre y un inventor.
No hay nada en este mundo que sea muy difícil para tí;
Cada vez que algo se atore, eres el que puede ayudar.”
-verso del Ramayama

Hanuman, también conocido como Anjaneya o Maruti, es uno de los más populares ejemplos de la devoción a Dios (bhakti) del hinduismo y es uno de los más importantes personajes de la escritura épica hindú, el Ramayana. Hanuman fue estudiante de Surya, el dios del sol, pagó su educación ayudando a Sugriva, el hijo espiritual de Surya. Su hazaña más famosa es relatada en el Ramayama y fue el dirigir un ejército de monos para combatir al rey-demonio Ravana. Muchos escritos se refieren a Hanuman como una encarnación del dios Shiva.

En tiempos mitológicos, Rama, un rey de la India Antigua, tenía un problema. El demonio-rey que presidía en Sri Lanka, Ravana, había secuestrado a Sita, la esposa de Rama. Rama conoció a Hanuman en el bosque y desde el momento en que se conocieron Hanuman se convirtió en devoto de Rama y decidió ayudarlo a encontrar a Sita. Rama y sus tropas se prepararon para rescatarla del vil demonio. Hanuman dirigió un ejército de vanaras (raza de humanoides parecidos a monos creados por Brahma para ayudar en la guerra contra Ravana) quienes al llegar a la costa lamentaron no poder atravesar el océano. Hanuman extendió sus piernas y cruzó el océano de un paso.

En una batalla subsiguiente el hermano de Rama, Laksmana fue herido severamente y la única manera de salvarlo era con una hierba que crecía únicamente en los Himalayas. ¿Quién podría viajar a los Himalayas y regresar a tiempo? Pocas eran las esperanzas de salvarle la vida a Laksmana.

Hanuman dijo que él podría completar la difícil tarea. Extendió sus piernas, separándola una de la otra, haciendo un salto desde el Sur de la India hasta los Himalayas. Estando allí no estaba seguro de qué hierba seleccionar, así que cargó consigo la montaña entera, tomando otro paso gigante hacia el campo de batalla. Los curanderos encontraron la hierba necesaria para sanar a Laksmana.

En ese gigante paso Hanuman encarnó su amor por Rama. Su intensa devoción le permitió hacer lo imposible. Esta es la lección de Hanuman: el poder viene de la devoción. Aunque, durante la batalla, Rama era la encarnación del dios Vishnu, no podía efectuar el paso gigante porque estaba encarnado y enraizado a la tierra en un cuerpo humano. Por el contrario, Hanuman, con su intensa devoción a Rama, pudo.

El paso gigante de Hanuman es recordado a través del ásana Hanumanasana. Esta postura pide que no solamente estires tus piernas, sino que con ese movimiento traigas devoción verdadera a la práctica. Hanumanasana expresa la expansión posible cuando la devoción vive en el corazón – esa sensación de que puedes vencer y rebasar cualquier obstáculo cuando tu llamado a ayudar es combinado con reverencia y respeto, así como una intensa y feroz devoción.

En Hanumanasana aspiras a alcanzar algo lejano, lo que parece humanamente imposible de alcanzar. Esta historia demuestra que aún un dios no puede alcanzar aquello que un humano puede cuando tiene verdadera devoción en su corazón.

Cuando practiques esta postura nota la dualidad entre el alcance de tu cuerpo en la postura y el dolor que acompaña tus intentos. Cuando sientas ese dolor, lleva tu mente hacia adentro de ti. En lugar de enfocarte en el dolor, usa tu respiración para acceder a tu corazón y trata de encontrar la pasión interior, similar a aquella que creó el paso gigantesco de Hanuman. Cuando cambies tu mente del dolor hacia la pasión y la devoción, la resistencia comienza a disolverse y la postura comenzará a florecer.

La paciencia

Narada, el mensajero celestial, fue una vez al Cielo para ver a Dios. Por el camino se encontró con un viejo renunciante y le preguntó: “Voy a encontrarme con Dios. ¿Quieres que le de algún mensaje?” El viejo renunciante le contestó: “Cuando Le encuentres pregúntale por favor ¿cuánto más tendré que esperar? He sido renunciante en mis tres últimos nacimientos.”
Narada le dijo que Le daría el mensaje. Siguió andando y se encontró a otro renunciante sentado bajo un árbol. Era joven y estaba tocando su instrumento de una sola cuerda, ajeno al mundo. Narada le preguntó medio en broma: “Bien, hermano, ¿tienes algún mensaje para Él? Estoy de camino hacia la morada de Dios”. El joven siguió cantando, sus ojos cerrados. Narada le sacudió por el hombro y le preguntó de nuevo.
Él le contestó: “No, hermano, no tengo nada que pregúntale. Su gracia es ilimitada; todo lo que necesito ya me lo ha proporcionado. Que no se preocupe por mí. Ni siquiera Le menciones mi nombre pues tengo todo lo que pueda desear: incluso mucho más. Si te es posible, transmítele solamente gratitud.”
Cuando Narada estuvo de vuelta, se encontró al viejo renunciante y le dijo: “Perdóname, hermano, pero Dios me ha dicho. “Antes de llegar, ese hombre tendrá que nacer tantas veces como hojas tiene este árbol”.
El viejo renunciante se puso rabioso. ¡Rompió el libro que estaba leyendo, tiró el mala y gritó muy enfadado: “¡Que injusticia! Durante tres nacimientos he hecho penitencias, me he torturado, ¡y aún me quedan todos esos nacimientos! ¡No puede ser!”
Narada se acercó al joven bajo el segundo árbol. “No lo pediste, pero Le pregunté a Dios en tu nombre cuanto tiempo tardarías en llegar y El me dijo:”Antes de llegar, deberá renacer tantas veces como hojas tiene el árbol bajo el que se sienta.”
El joven dio un salto con su instrumento y empezó a bailar de alegría. “¿Tan pronto? ¡Cuánto me estima! ¡Mira el suelo! ¡Hay tantas hojas! Mira los otros árboles cubiertos de hojas, pero para mí El sólo ha contado las hojas de este árbol. ¿Sólo eses nacimientos? ¡Qué maravilla! No me lo merezco. ¿Cómo podré ser digno de Su gracia? ¿Cómo podré expresarle mi gratitud?” Estaba loco de alegría y bailaba dando vueltas y más vueltas en torno al árbol, danzando alrededor de Narada. No podía contener su alegría.
Y la historia dice que bailando así, alcanzó el samadhi. Su cuerpo se desplomó. Lo que debería haber sucedido después de años infinitos, sucedió inmediatamente. La llegada del que tiene esa paciencia no se demora un instante.

La Danza de Shiva


El señor de la danza, consolida en una sola imagen muchos significados. Dios es el bailarín cósmico. Shiva es el alma primordial, poder energía y vida de todo lo que existe. Nataraja representa lo divino, porque en la danza el ser creado es inseparable de su creador. De manera similar, el universo y el alma no pueden ser separados de Dios.
Shiva también simboliza la quietud y el movimiento. La quietud habla de la paz y el equilibrio en el interior de todo, en el centro. El movimiento intenso, en ocasiones representado por su cabello ondeando en todas las direcciones, muestra la furia y vigor que llenan el universo. La implicación es que Dios permite ambas cosas. El baile y el bailarín son uno solo.

Según la leyenda, algunos enemigos deseaban destruir a Shiva. Enviaron un enano llamado el diablo del olvido y encarnación del mal. Para combatirlo, Shiva inició su danza cósmica, subyugando al demonio y liberando al mundo. Shiva salta sobre el enano y le aplasta la espalda con un pie. Esta es la pose de Shiva Nataraja que tiene tanto significado. Esa pose simboliza las actividades divinas de Dios.
La danza de Shiva está compuesta por la combinación siempre fluyente de sus cinco actividades.
El poder de la creación está representado por la mano derecha en alto y el tambor, sobre el cual toca y produce las vibraciones de las que emanan los ritmos y ciclos de la creación.
El poder de mantener está representado por la mano derecha de abajo en un gesto de bendecir o indicación de no temer.
El poder de destrucción se muestra a través del fuego que sostiene en su mano izquierda elevada en una pose de media luna. Esa luna creciente se puede observar también en su cabello.
El poder de ocultar es aquel que esconde la verdad, permitiendo así el crecimiento y eventual cumplimiento del destino, representado por el pie derecho parado sobre el demonio postrado.
El poder de revelar brinda conocimiento y libera el espíritu. Este está representado por el pie izquierdo levantado y la mano izquierda hacia abajo como una trompa de elefante.
El arco de fuego dentro del cual baila Shiva es el vestíbulo de la conciencia. Conocido también como el corazón lleno de luz del hombre, esta es la cámara central del universo físico. Nataraja danza el universo dentro y de entre la existencia, revelando la extrema realidad.
Puede llevar en su cabello una sirena, una calavera, una cobra y/o una luna creciente. La guirnalda de cráneos que lleva lo identifica como el tiempo y asegura la muerte de todos los seres. Un solo cráneo en su pecho es el creador. La cobra o serpiente es el poder cósmico esperando que vive en todo. La enorme forma devoradora que se impone desde lo alto es el Gran Tiempo. Los tres ojos simbolizan el sol, la luna y el fuego o los tres poderes; crear, preservar y destruir. Dos ojos representan el mundo de dualidad mientras que el ojo del medio muestra la visión de no-dualidad. Su sonrisa indica una transcendencia imperturbable.
El simbolismo de Shiva Nataraja es religión, arte y ciencia fusionados en uno. La eterna danza de Dios de creación, preservación, destrucción y gracia sostiene un entendimiento oculto y profundo de nuestro universo.

Fuente: Internet

El viejo indio

Un
viejo indio estava hablando con su nieto y le decia… "Me siento como
si tuviese dos lobos luchando dentro del corazón. Uno es un lobo
airado, violento y vengativo.

El otro está lleno de amor y compasión"

El nieto le pregunto: "Y dime abuelo, quien de los dos ganará la lucha en
tu corazón?"

El abuelo respondió: "Aquel que yo alimente."